Sucede que debido al constante uso de algunas palabras o frases, estas pierden significado. Por ejemplo, la frase "lo siento", se ha convertido en un balbuceo conciliatorio que sólo busca recuperar una buena posición con la persona ofendida.
Si en verdad lamentamos el haber lastimado al prójimo, el significado de esa frase debería redargüirnos y provocar un cambio de nuestras mentes y corazones.
Pablo escribe a la iglesia en Corinto: "Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte".(2 Corintios 7:9)
La pena de los de la iglesia en Corinto les llevó a un verdadero arrepentimiento – un cambio de mente y corazón. Cuando nos arrepentimos de nuestro pecado, voluntaria y deliberadamente cambiamos nuestra vida a la luz de la verdad de La Escritura.
El resultado de nuestra confesión es poderoso y transformador. Dios desea moldearnos y conformarnos a su imagen. Y el arrepentimiento es uno de los procesos que Dios permite que vivamos para enseñarnos una lección. Sin duda alguna, el resultado final es para su gloria y para nuestra maravillosa transformación en Cristo.
ANONIMO.
Gracias a Liza Mousa y a su grupo Historias de Reflexión. Fuente: Facebook
No hay comentarios:
Publicar un comentario