A Susana, nombre figurado, la conocí hace muchos años cuando yo iba a aprender computación y ella a aprender a coser y tejer para hacerle ropita a su pequeño hijo. Siempre me quedaba mirando con qué amor aprendía. Amor de madre pero sobre todo amor de buena gente. Enseguida llamó mi atención. Creo que como buena mujer se dio cuenta. Me sentí muy atraído por su eterna sonrisa, por su mirada transparente. En aquellos días estaba felizmente casada aunque mi imaginación pretendiese lo contrario. ¡Si sólo con verle los ojos uno advertía lo dichosa que era! Pero hay algo en mí que siente que nos quedó pendiente una conversación distendía. ¿Podrá ser que no haya una mujer así para mí? Quisiera decirle a Susi que no vivo pensando en qué cambiaría nuestras vidas si nos permitiéramos aquella charla.
Se piensa, y no sin algo de verdad, que las personas con discapacidad somos muy huraños, difíciles de soportar, y yo de tanto estar con mis padres ya mayores me estoy poniendo así. ¡Ya ni me sale esta carta de amor! No deseo estar ni con Susy ni con ninguna mujer si no puedo hacerla feliz. La alegría y las ganas de vivir sólo las entiendo como actos colectivos. Yo tuve tres amores y la única vez que sentí una verdadera empatía fue con una chica con dificultades parecidas a las que tengo yo. Un amigo que me acompañaba a verla me comentaba de algo mágico que se sentía entre ella y yo. No quiero entrar en detalles de porqué terminamos pero esa sensación de empatía jamás la he vuelto a sentir. La soledad está haciendo que pierda la alegría de la que siempre estuve tan orgulloso. No es fácil estar todo el tiempo con personas que por su edad van perdiendo interés por las cosas. Muchas veces estamos solos con nuestros sentimientos e ilusiones y es muy duro. La sonrisa se hace cada vez más difícil. Mi buen humor fue, es y será mi agradecimiento para todo el que se me acerque, es lo que puedo dar. Mi poesía es secundaria. No me gusta cómo me está saliendo este post así que si conoces una mujer que trabaja en el hospital de niños de Paraná comentale estas líneas. Me permitirás al menos superar una etapa de mi vida. Desde ya gracias por entrar al blog.
Un abrazo,
Mario