Bueno, aquí estoy como la mayor parte de mi día, uno tras otro, todos obcecadamente iguales en su vulgaridad; Aquí, con más “oficio” que vocación para contarte vaya a saber qué. Algo que vanidosamente pienso puede resultarte interesante o curioso. Mi vida no fue siempre esta de mi computadora conectada a Internet. Febrilmente aferrado a esta paradoja que por un lado me conecta al mundo mientras me aísla de sonrisas o miradas cuando papá, mamá no tiene fuerza, me podía llevar a la vereda. He disfrutado de la vida en serio. Al punto de creer que era más de lo que merecía. ¡Vaya estupidez! Soy de los que creen que hay algo, tal vez sea nuestra propia conciencia, que dice: ¿“Así que no mereces esto? Entonces te quito este peso, esta injusticia.” En este blog que habla de sueños te voy a contar uno que me persigue desde el despertar de mi pubertad: El gozar de una relación sexual. Porque puede chocarte pero debo decírtelo con todas las letras. Cuando digo que me falta el amor nunca falta quien, con la mejor buena fe (o no) me dice: “¡Pero si tenés todo el amor de tu familia!” De lo cual deduzco que mis padres y los tuyos se casaron por ¡lo mal que se llevaban con sus familias…! El error “estratégico,” si me dejas llamarlo así, fue no querer unirme a grupos con problemas parecidos a los que yo tenía. Lo estoy pagando caro. Hay un hecho que no deja de asombrarme: en los nueve años que llevo en Internet cada vez que tengo una relación profunda con alguien esa persona o es discapacitada o tiene un familiar cercano que lo es. La mujer que más quise apenas caminaba, sentía la misma avidez que yo por una caricia, un beso. Aunque ninguno de los dos podía valerse por sí solo sus padres querían casarnos. No olvidaré que la primera vez que fui a la casa la madre lo primero que me preguntó fue que ¡cuándo nos casábamos! ¡Apenas nos conocíamos! No sé si hacía quince días. Sufrí mucho esa separación. Entiendo que las cosas deben seguir su curso y me duele que principalmente mi madre no me haya dejado a mis 42 años tomar las riendas de algo tan personal.
Yo busco alguna mujer que viva un mí ciudad, poder vernos, acariciarnos, tocar sus cabellos, compartir un café (en argentina puede ser unos ricos mates.) Para mí no hay chat que reemplace la presencia de la persona querida, amada. Tengo que encontrarla y aquí en Paraná. Tal vez pronto me tenga que internar en un geriátrico y quisiera aprovechar este tiempo que me queda para construir una buena relación. Las enfermedades propias del avance del tiempo están dañando mucho las relaciones familiares hasta el punto que veo la internación como algo liberador. Sé que no va a ser así, en ningún lugar voy a estar como aquí en casa y con mis padres pero a veces la situación me lleva a pensar tantas cosas. Desde aquí te pido que me ayudes a crear un “Banco de Tiempo” para acompañar a personas mayores o con limitaciones. Y porqué no para organizar encuentros donde puedan conocerse, divertirse y encontrar ese Amor que hace que el dolor duela menos. Hasta la próxima, aquí estaré
Mario