Ya no sé si reconozco tus señales,
difusas entre imágenes perdidas.
Y no sé si reconozco las dormidas
flores del jardín ni los panales.
Ya vagos en mi mente los frutales;
La huerta familiar, la flor nacida.
El sol de aquellas tardes coloridas,
o el canto ensoñador de los zorzales.
Sólo tú quedas en mí bella y discreta,
velando viejos sueños de poeta.
De pie entre las ruinas, dulce aurora.
Y tú, que ante el olvido me levantas,
hoy pueblas de gorjeos mi garganta
en el beso final que me enamora.
Mario D. Raffo