¿A quién no le ha pasado? ¿Quién no ha pasado por situaciones donde sientes que estás escalando una montaña, y te cansas, y subes, te detienes, respiras, pero ves hacia arriba y dices: “¡todavía falta mucho!”? ¿Por qué no vemos hacia abajo y decimos: “mira lo que he avanzado”…? Ese es nuestro defecto. Nos enfocamos tanto en lo que nos falta, que no vemos lo que hemos caminado ni logrado.
Hace poco mi hermanita (quien tiene 11 años) nos comenta constantemente a la familia: “quiero crecer para poder hacer lo que hacen mis hermanos”… o, “Si yo fuese grande todo sería distinto” o lo más cómico, en tono un poco amenazante dice “cuando sea grande yo… mmmm… ya van a ver” y me río de su picardía. Pero, ¿saben? Yo decía lo mismo. Cuando estaba en el colegio yo decía también “cuando sea grande ya tendré varios profesores y podré, (por ejemplo) dormir hasta un poco más tarde” (¡uff! ¡Que logro! ¡Dormir a las 10:30 p.m.!)… Cuando estaba en bachillerato, mi mayor temor era qué profesión escoger, esa era mi visión: crecer, ser GRANDE. Cuando entré a la universidad para estudiar Derecho, no veía la hora de graduarme y ser ALGUIEN en la vida. Poder trabajar y ayudar en los gastos diarios de la casa… y con esfuerzo, dedicación, y apoyo familiar: me gradué con honores, terminé los estudios, y pasó el mes siguiente… y estaba en la cima de la montaña… ¡Qué sentimiento! ¡wow! ¡lo logré! ¡me gradué!... pero… que miedo me embargó…
Me planteé muchas cosas, ¿ahora qué hago? ¿Cuál es el camino? Toda la vida me decían: “estudia, tienes que estudiar, después lo demás vendrá. Primero tus estudios”… pues bien, estudié, ¿y ahora?... Sentí que se me comprimía el corazón. ¡Estaba en la cima de la montaña! ¡¿Pero y ahora qué?! Dejé de ser la estudiante, ahora era la profesional, la Doctora, la abogada de la casa… pero… la inexperta, la que se sentía ineficaz, la recién graduada, la nueva desempleada de la República…
Es fatal cuando uno logra las metas que se propone y luego se tiene que plantear la vida entera de nuevo. ¿Cuál es mi nueva meta? ¿Qué quiero hacer ahora? ¿Cuál será mi especialidad? Y no se crean, graduarse no lo es todo. No todo el que se gradúa tiene a la vida agarrada por la chiva… no. Cuando uno se gradúa se plantea seriamente que ahora es que viene vida para vivir y metas por alcanzar. Ahora es cuando viene la lucha por los ideales, no permitir que el mundo cambie el corazón en el cual has trabajado y protegido toda tu vida. No permitir que el adentrarte en el mundo profesional cambie la sustancia de tus valores morales, personales, éticos, religiosos, familiares y otros. Es dura. La vida es dura. Pero a mí nadie nunca me dijo que no lo sería, tengo que admitir eso.
La vida es un rompecabezas, donde las piezas nos la van dando a lo largo del camino.
Hoy, me encuentro escalando una montaña diferente a la anterior. En la anterior yo sabía cuál era la meta final: ser profesional. En esta, la meta no está muy clara, sólo sé que tengo pequeñas metas planteadas para cada etapa de la escalada. Estoy esperando encontrar a “alguien” que me ayude escalar el resto de esa montaña y yo ayude a escalar la de él. Pero, sé que tengo que escalar sola los primeros pasos. Sé que ahora es hora de desarrollar ese potencial que todos me decían que tenían, pero que yo no lo daba por hecho ni lo consideraba cierto.
Ahora, con humildad me digo a mí misma: es hora de crecer. Las piezas van cayendo en su lugar, ya el clima en la montaña está cambiando. Se acabó el frío y la oscuridad, está saliendo el Sol, y siento que la cima sigue estando lejos, pero, ¿saben cuál es mi sorpresa? ¡No subo tan sola como creía! Hay muchos amigos y amigas que me están acompañando en esta travesía. Pequeños ángeles que Dios pone en nuestras vidas que a veces no apreciamos ni consideramos. Pero ¡Qué sabio es Dios que sabe ponernos a las personas justo en su momento ideal para hacer una justa y determinada labor! Y llegar a la cima, no juntos (porque cada quien tiene una cima propia que conquistar) pero al menos, en los descansos que tomamos, intercambiamos notas, reímos, lloramos, compartimos y la vida se hace más placentera.
Dios provee siempre. Dios me ha proveído siempre, entonces, ¿por qué dudar?
Si, exactamente como dice el título de esta nota: no soy la misma de ayer… pero sé que mañana, no seré la misma de hoy, porque en la vida, quien no cambia es aplastado por la rutina, y quien se mantiene estancado en una cueva, no ve que el Sol ya salió y Dios pronostica éxitos en nuestras vidas. ¡Ánimo!
ESCRITO EL: 13/05/2010.
Por: Liza Moussa.
PARA COMENTAR ESTA NOTA HAZLO EN: http://www.facebook.com/topic.php?topic=15192&uid=103859829185
PARA VER MÁS ESCRITOS DE ESTA AUTORA VISITA: http://www.facebook.com/l/8af1fz4H-CPHXXVqFf2eTmkrIGw;reflexionandounrato.blogspot.com/
No hay comentarios:
Publicar un comentario